Como siempre, lo tengo que esperar yo. Me llamó para decirme que ya llegó y que se va a dar una vuelta "mientras me espera", pero yo creo que se va a dar una vuelta para que yo llegue antes y lo espere a él.
Entramos a Malasartes. Está bueno, aunque me resulta algo incomodo saber que cuando era chiquita venía al mismo lugar a tomar la merienda. Y ahora...
Saca cuentas y dice que son tres meses de la última vez que nos vimos (me sorprende que saque cuentas). Se genera una discusión bastante tonta sobre cuántos meses pasan entre cada encuentro y concluimos en que pasan, en promedio, tres meses, pero sabemos que son más.
Lo conozco hace tiempo y siempre fue todo igual, pero hoy hay algo diferente.
Hablo a mil por hora, no tengo filtro. Verborragia pura. Hablo de mi, de mi vida estos últimos "tres meses". Habla de él, pero poco. Transformo la conversación en un monólogo. Después hablamos de cine, música, arte pop y hay un leve intercambio de ideas (tenemos mucho en común sobre esos temas), pero sólo por un rato porque después empiezo a aturdirlo con mis quejas. Me quejo, me quejo mucho, de mi familia, de la gente, de todo en general. Soy como una gran queja viviente. Muevo mucho las manos, hablo fuerte, exagero los gestos y las expresiones. Me dejo llevar, puteo de más y me doy cuenta. Me dice que no puedo controlar todo. No sé por qué esa frase me afecta, me genera un cambio de actitud, como si me bajaran los deciveles de golpe. Me quedo callada y se hace silencio total. Miro la mesa, juego con una papa frita pero no la como. Cuando él come, yo como, cuando deja de comer yo también. Sigue el silencio. Me pregunta qué me pasa. "Es que no es que quiera controlar todo, pero...no sé. Voy al baño".
Tardo mil horas y vuelvo para escucuhar la sarta de pelotudeces que esperaba no tener que escuchar. Mis respuestas son frías, por momentos hasta irónicas. Soy una hija de puta carente de sensibilidad, amor, cariño y todo eso. No siento nada y no entiendo por qué él siente algo. Me causa gracia lo que dice y me doy cuenta que mi reacción lo hiere. Le sonrio con una mezcla de lástima y resignación, y le doy un beso en la mejilla.
Nos vamos juntos, pero me quedo dormida, no puedo evitarlo. Tampoco me importa.
Hay algo diferente.

tatiana gracias por agregarnos a tu blog
ResponderEliminarahora me voy a fijar de que se trata el tuyo.
Adios
la resurreccion del winco.